Este es, y no otro, el que para mi siempre será el cartel de los sanfermines 2011. Un cartel que pese a su valor y sus valores nunca pasó de la primera criba, ni tuvo mención ni reconocimiento alguno. Así, como tantas otras veces que jamás sabremos, quien tenía inmerecidamente en ese momento el boli con el que se escribía la historia, estaba en pleno bostezo, ataque de envidia o desidia pura.
¿Y por qué creo que este debería haber sido el cartel elegido? Por muchos motivos, pero el primero de todos es que es un cartel que integra, integra diferentes personas con diferentes circunstancias en una fiesta única que es en sí pura pasión. Porque es un cartel que dice "¡¡Tócame, pálpame, siénteme!!". Porque es un cartel que nos obliga a pensar que la integracíon no es sólo cosa de rampas, hospitales, leyes que no se cumplen, plazas de aparcamiento y visitas a centros de empleo en época de elecciones. Porque la diferencia es motivo de alegría y de riqueza, y también de pasión y aprendizaje. Porque es un cartel original como pocos, tan atrevido que no lo ha hecho ciudad alguna y mucho menos ciudad con unas fiestas como las nuestras. Porque haberlo elegido hubiera engrandecido a Pamplona, haberla ensalzado no sólo como epicentro de la farra guarra, sino por su valentía y comunicación. Porque tiene toros, tiene gente y tiene fuerza. Y porque me gusta, y porque conozco a quien lo hizo y se lo merece.
Yo me voy a hacer una camiseta.
